Antes de las palabras, fueron los símbolos
- Ailev Luna
- 5 ago
- 7 min de lectura
Hace unos días compartí un reel que abrió un diálogo muy interesante. Llegaron comentarios de personas que compartían mi visión y otros de quienes la cuestionaban por completo, y me hizo profundamente feliz, porque ese es precisamente el propósito de este espacio.
No escribo para convencer a nadie ni porque crea tener la verdad absoluta. Para mí, la verdad pertenece únicamente a Dios, y todos nosotros transitamos un camino para acercarnos a ella. Y es el principal motivo por el cual existe este blog, mis redes sociales y mi canal de YouTube: para tener un espacio donde podamos abrir conversaciones, compartir distintas perspectivas y recordar que, cuando nuestra consciencia dialoga con la del otro, en ese encuentro, ambas tienen la oportunidad de expandirse.
Al leer esas conversaciones que reafirmé algo que siempre me ha fascinado: el poder de los símbolos.
Mucho antes de que existieran los idiomas, la escritura o las grandes civilizaciones, el ser humano ya buscaba comprender y compartir el misterio de la existencia.
Antes de escribir una palabra, se dibujó una figura sobre la piedra. Las pinturas de Lascaux y Altamira nos recuerdan que el símbolo fue el primer lenguaje de la consciencia humana. Era la forma de expresar aquello que las palabras todavía no podían explicar.
Y, de algún modo, eso sigue ocurriendo hoy.
Con el paso del tiempo hemos descubierto continentes que antes ignorábamos, comprendido la electricidad y aprendido a comunicarnos con personas al otro lado del mundo sin un solo cable entre nosotros. Y para mí eso no es nuevo, siempre ha sido parte de la creación que siempre estuvo ahí; lo que cambió fue nuestra capacidad para comprenderla. Pues el planeta sigue teniendo los mismos componentes químicos con el cual creamos todo lo que hoy en el 2026 poseemos, la diferencia es como nosotros los utilizamos.
Y creo que lo mismo sucede con nuestra comprensión de Dios, de la vida y de los textos sagrados. La verdad no cambia; quienes evolucionamos somos nosotros.
Cada generación cuenta con nuevas herramientas para comprender aspectos que antes desconocía. No significa que quienes nos precedieron estuvieran equivocados, sino que comprendieron la realidad desde el nivel de consciencia y el conocimiento disponibles para su época.
La consciencia humana también madura y, sobre todo, evoluciona.
Quizá por eso los símbolos han permanecido presentes en prácticamente todas las culturas. Los encontramos en el arte, en los mitos, en las frecuencias, en la astrología, en las tradiciones espirituales y, por supuesto, en la Biblia.
No pertenecen a una sola religión ni a una única cultura; forman parte de la manera en que el ser humano ha intentado comprender aquello que lo trasciende.
Jesús mismo enseñó a través de símbolos y parábolas. Cuando decía: “El que tenga ojos para ver, que vea; y el que tenga oídos para oír, que oiga”, nos invitaba a una comprensión que va mucho más allá de lo literal.
Una misma parábola puede revelar un significado distinto a una misma persona en diferentes momentos de su vida. No porque el mensaje cambie, sino porque nuestra consciencia madura y nos permite comprender aspectos que antes no alcanzábamos a ver.
Mientras leía las conversaciones que surgieron a partir del reel, especialmente las relacionadas con el simbolismo bíblico, comprendí que aún estamos ejerciendo esa parabalo: hay quienes escuchan y ven, otros que creen que ven y lo hacen desde una visión limitado, o incluso quienes no ven ni escuchan.
Por lo cual decidí escribir este blog para poder dejar aventado algunas ideas:
El simbolismo ha sido y es una de las herramientas más antiguas con las que se ha transmitido conocimiento espiritual, filosófico y humano. Mucho antes de que existiera la escritura, los símbolos ya comunicaban aquello que las palabras aún no podían expresar.
La Biblia, al igual que muchas otras tradiciones espirituales, está llena de sueños, parábolas, visiones y símbolos que invitan al discernimiento. Su propósito nunca ha sido limitar la consciencia, sino abrirla a una comprensión más profunda de la realidad y de nuestra relación con Dios.
Por eso, considero que el problema nunca ha sido el símbolo en sí, sino la intención con la que se interpreta y el uso que se hace de él.
Pues como lo he expresado el ya sea en consulta o en otras ocasiones, toda herramienta puede expresarse desde una consciencia que libera o desde una consciencia que limita. Es decir:
Desde una alta consciencia, un símbolo aporta claridad, invita a la reflexión, fortalece el discernimiento y nos recuerda que siempre conservamos nuestro libre albedrío.
Desde una baja consciencia, el mismo símbolo puede utilizarse para manipular, infundir miedo, generar dependencia o ejercer control sobre los demás.
Por eso, más que rechazar los símbolos, creo que vale la pena aprender a discernir quién los interpreta, desde qué consciencia lo hace y qué efecto produce esa interpretación en nuestra vida.
Porque, al final, el verdadero poder nunca ha estado en el símbolo, sino en la consciencia con la que decidimos comprenderlo y vivirlo.
Pues, un mismo símbolo puede adquirir significados completamente distintos dependiendo de la consciencia desde la que es interpretado.
Y les quiero poner un ejemplo que salió en los comentarios del reel que surgieron alrededor del simbolismo bíblico:
La serpiente suele asociarse inmediatamente con el relato del Génesis y, desde entonces, muchas personas la relacionan únicamente con la maldad o con el origen del “pecado”, (cuando ese mismo relato también está lleno de símbolos que invitan a una comprensión mucho más profunda.)
Sin embargo, más adelante, en la misma Biblia, encontramos que fue Dios quien pidió a Moisés levantar una serpiente de bronce para que quienes la contemplaran encontraran sanación/liberacion.
El símbolo era el mismo.
Lo que cambió fue el propósito.
Lo mismo ocurre con el cordero, especialmente con el adulto macho. En las Escrituras representa la entrega, la inocencia y culmina con una de las imágenes más importantes del cristianismo: Jesucristo como el Cordero de Dios.
Sin embargo, con el paso del tiempo, algunas corrientes utilizaron la imagen del carnero (que es un cordero adulto macho) para representar ideas completamente distintas, vinculadas al miedo, al control o a otras interpretaciones espirituales.
¿Cambió el animal?
No.
Lo que sorprende es que aveces olvidamos que la serpiente y el carnero siguen siendo animales parte de la creación de Dios.
Lo que cambió fue el significado que le dimos al símbolo que representan.
Y quizá ahí encontremos una de las enseñanzas más importantes.
El símbolo nunca ha sido el “malo”.
Lo verdaderamente importante es poner atención con la consciencia desde la que se interpreta.
Y esto me llevó a preguntarme: cuántos “fariseos” siguen existiendo en nuestro tiempo?
Y no me refiero a un grupo religioso en particular. Me refiero a una actitud que puede aparecer en cualquiera de nosotros cuando creemos que nuestra interpretación es la única posible y cerramos la puerta a todo aquello que puede ampliar nuestra comprensión de Dios, de la vida y de la realidad.
Los Evangelios muestran que Jesús cuestionó muchas interpretaciones de su época. No porque rechazara la fe, sino porque constantemente recordaba que el amor, la misericordia y el discernimiento estaban por encima del legalismo.
Su invitación nunca fue dejar de pensar, sentir o vivir, sino aprender a discernir y “ver” con mayor profundidad.
Y quizá ese siga siendo el desafío espiritual de nuestro tiempo…
Hace dos mil años, la electricidad habría parecido magia; hoy la estudiamos en la escuela.
Comunicarnos con alguien al otro lado del planeta sin un solo cable habría parecido un milagro; hoy forma parte de nuestra vida cotidiana.
No cambió el planeta.
No cambió Dios.
Lo que cambió fue nuestra capacidad para comprender aquello que siempre estuvo ahí.
Entonces, ¿por qué pensar que nuestra comprensión espiritual no puede seguir expandiéndose?
Desde esa misma mirada comprendo la Astrología Evolutiva y el tarot.
Para mí, el tarot no es una doctrina ni una ley espiritual; es un lenguaje de símbolos, que nos permiten comprender el momento presente cuando no podemos descifrar o explicar lo que estamos viviendo, y muchas de sus imágenes dialogan con la iconografía cristiana medieval, además de otros lenguajes simbólicos presentes en la historia occidental.
La astrología también ha evolucionado junto con la consciencia humana. Mucho antes de que Carl Gustav Jung desarrollara el concepto de arquetipo dentro de la psicología, la humanidad utilizaba la mitología para describir esas fuerzas universales que experimentaba en su interior, representando a los cuerpos celestes como divinidades con características humanas.
¿Estaban equivocados?
No necesariamente.
Simplemente utilizaban el lenguaje simbólico disponible para su época.
Hoy comprendemos que aquello que antes se representaba mediante dioses o dibujos de procesos medievales bíblicos también puede entenderse como arquetipos que se manifiestan en nuestra psique y en diferentes experiencias de vida.
Y cuando alguien me pregunta si los planetas nos influyen, suelo responder con una analogía muy sencilla:
¿Influye el wifi sobre un teléfono?
La red está ahí, pero depende del dispositivo decidir conectarse.
De la misma manera, los planetas con sus ciclos existen, y han existido todo el tiempo, las energías están presentes, pero seguimos teniendo libre albedrío para decidir desde qué nivel de consciencia queremos vivirlas.
En mi práctica, tanto la Astrología Evolutiva como el tarot son herramientas que favorecen el autoconocimiento y ayudan a comprender el proceso evolutivo del alma.
Nunca sustituyen nuestra relación con Dios. Al contrario, buscan despertar una consciencia más profunda sobre la forma en que vivimos nuestra experiencia humana y ejercemos nuestro libre albedrío.
Porque, al final, los símbolos no contienen la verdad absoluta ni determinan nuestro destino. Son un puente que nos invita a mirar con mayor profundidad nuestra vida, nuestra consciencia y nuestra relación con Dios.
Lo que verdaderamente transforma no es el símbolo, sino la consciencia desde la que decidimos comprenderlo y vivirlo.
No creo que Dios haya querido limitarse a un templo, a un ritual o a una única forma de hablarle a la humanidad. (Y de hecho no hay ni un pasaje bíblico que así lo diga El)
Dios está en todo y lo encontramos en la creación, en una conversación, en una parábola, en el cielo estrellado, en el silencio y en cada experiencia que nos invita a la consciencia a despertar.
Creo que Su lenguaje es mucho más amplio que cualquier interpretación humana, porque Su propósito no es que repitamos respuestas, sino que aprendamos a descubrirlas con amor, discernimiento y libertad.
Quizá por eso sigo creyendo que, antes de las palabras, fueron los símbolos.
Y quizá siguen acompañándonos porque existen verdades que solo pueden comprenderse cuando nuestra consciencia está preparada para recibirlas.
Tal vez esa sea nuestra verdadera responsabilidad espiritual: aprender del pasado, honrar el camino recorrido y permitir que nuestra consciencia siga liberándose para comprender con mayor profundidad aquello que Dios siempre ha querido revelarnos.
Porque Jesús no vino únicamente a dejarnos respuestas; también vino a cuestionar muchas de las interpretaciones de su tiempo para devolver el sentido profundo de la Ley: el amor, la misericordia y la libertad interior.
Quizá esa sea también nuestra tarea.
No repetir automáticamente aquello que otros comprendieron hace siglos, sino aprender del pasado para seguir liberando nuestra consciencia con discernimiento, libre albedrío, coherencia y constancia.
Si tienes ojos para ver… que veas.
Y si tienes oídos para oír… que escuches.
Porque la verdad pertenece a Dios.
Nuestra tarea es liberar la consciencia para reconocerla.










Quedó muy claro lo de Alta y Baja Conciencia, gracias por la explicación y los ejemplos.
Y como dice una frase del Estoicismo: Tú no puedes controlar lo que pasa a tu alrededor pero si puedes elegir cómo reaccionar ante ello.!